VUELO (leer a continuación de "Gristeza")

Créé le : 1 février 2008

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Los gritos se hacen ensordecedores en la cocina del restaurante familiar que G., abrió hace más de 30 años ya. Y sin embargo, él sólo escucha un tremendo y punzante silencio que se le ahorca en el centro del pecho. Dos días desde que Lucía se fue de casa. Lucía, su amor. No su único amor, pero sí su más grande amor. La falta de su voz se hace insoportable y siente ganas de explotar en llanto. Va a tener que ser más tarde; los clientes no entienden de penas ni soledades. Ni tampoco de dueños de bares de toda la vida, que no tengan la misma sonrisa de toda la vida… Que para eso pagan.

El cliente siempre tiene la razón.

Si fuera verdad, le pediría a cada uno de ellos que le explicaran cómo hacer para traerla de vuelta….

El chico de la moto no entiende bien dónde tiene que llevar ese último pedido. G. trata de hacerse entender… Hacerse entender… también hace dos días lo intentó sin conseguirlo. Coge el paquete y decide ser él mismo quien lo lleve. Si no respira un poco de aire fresco, algo malo le va a pasar… ¡Ja! ¿Algo malo le va a pasar?…

El cielo tiene un color gris que le llena el alma de malos augurios. Qué triste el color gris… Como el gris de su triste barba mal cortada. Como el gris del color del moño de Lucía, cuando dándole la espalda cerró la puerta de casa prometiendo, triste, no volver. Su furgoneta también es gris. Hoy más gris que nunca.

Llueve y el agua fría refresca su rostro. Ojalá pudiera mojarse por dentro con esa lluvia. Seguro que se sentiría mucho mejor.

El motor, frío tras muchas hora de estar detenido, arranca con dificultad. Igual que el, que se detuvo un día en ese incansable trabajo del amor con Lucía y cuando tuvo que hacerlo, no supo arrancar.

Cierra los ojos un instante y trata de recordar cómo pasó todo. Unas cuantas mentiras piadosas ocultando otras tantas citas clandestinas con mujeres demasiado ajadas para salir a la calle a buscar quien las ame pero tan llenas de ganas de amar que calmaban su sed. Qué loco. Y mientras, Lucía tratando de encontrar la manera de darle todo lo que le estaba faltando… Pero de eso se enteró tarde. O siempre lo supo… Vaya usted a saber.

Como en una mala novela le delató el olor de un perfume femenino. Ella ya sabía. Ellas siempre saben. Y como en una mala novela las malas excusas se sucedieron una tras otra hasta que, agotado, la incongruente suma de todas ellas le declaró culpable.

Llorar no la va a traer de vuelta. Gritarle al taxista que se te cruza en la vía, tampoco… Arrepentirse no sirve. Aún nadie ha descubierto cómo volver el tiempo atrás y tú lo darías todo por hacerte con esa fórmula.