Matices de Tiempo

Créé le : 26 septembre 2010

Recopilo mis poemas en tres capítulos. El primero Matices, no tiene tiempo, puede suceder en un momento cualquiera de la vida; el segundo Matices de Tiempo, se refleja cualquier tiempo de cualquier persona; y el tercero Matices con Tiempo, son hechos que han influido en mi vida en momentos concretos.

MATICES

1
Detener el tiempo…
Sin pasado, ni futuro
ni sucesos,
El entorno: pleno,
entero,
Permanece con lo eterno.
Soñar…
Acaso, en el momento
se quede
detenido…
¡el tiempo.
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2
¡Las palabras!
¡Llegaron las palabras!
para decir, sin decir
acaso:
nada.
Palabras vacías.
Tu silencio…
callado silencio
que habla
sin nada,
para decirlo
¡Todo!
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3
Las palabras… Su sonido… Su buen ritmo.
Un escrito, que precisa, que concreta,
Que describe -exactamente- las ideas:
¡Un poema!
Y otras mentes
al leerlo,
se lo piensan, se lo dicen,
se lo hablan,
se lo escriben… ¡Sin hacerlo¡
Y es que viven las palabras,
su riqueza,
su sonido,
su bien dicho…
Sin hablarlo, sin pensarlo, sin decirlo.
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4
Renacer… En el silencio
Díme, tú que vives desde dentro,
¿cómo -en el tiempo –
mi vivir agitado
por Balances, Hechos, Largos párrafos,
Leyes, Justicia,
y.. ¡Gentes¡
se vuelve a su dentro?
Suceder
que no acaba,
un día… y… otro
y otro…
tal vez… ¿años?
Sin versos, ni vida por dentro.
Yo quiero, con tu silencio
callar mi pensamiento
sin tiempo: ¡Vivir!.
soñar, sensible al olvido…
¿hay tiempo?
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5
Me gustaría besarte, mi amor,
hasta la entraña
hasta fundirnos, los dos,
en una vida.
Formarme contigo en una esencia,
Permanecer mañana
Eternamente.
Ser, siempre, ¡eso!..

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6
El ruido,
Irrumpe en la callada soledad
de mi silencio,
termina la nostalgia,
comienza el ajetreo bullicioso,
solitario.
Tu voz
muy quedamente oída,
fuera… ¡El ruido!
Sola
Mi soledad se olvida,
y.. del susurro
nace este clamor,
¡tan mantenido!.
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7
Ahora, te conozco
tus caricias.
Ahora, me vives en el alma.
Ahora, la fuerza de tus besos
me descubre,
del silencio, su horizonte.
Tu grandeza
es el delirio que mi sueño
se reserva,
Tu misterio: aquel incierto siempre,
¡Eterno!
me posee.
¡Las caricias, y… los besos!
¡y la vida de mi sueño en el misterio!
Ahora, sé,
¡Cómo amas!
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8
Te recuerdo, te deseo, te conozco,
Me reclamas una vida que te ame.
Y al fijar la transparencia del cristal,
de las lágrimas, del agua,
de… ¡La lluvia!.
Me transforme con tu celo.
Me deshaga entre tus brazos.
Me convierta en tus requiebros.
Y me lances a la vida
del vosotros.
Y nosotros, en lo íntimo,
saboreemos ese juego
que nos lleva a protegernos del cristal
por encima de las lágrimas, de la lluvia
y de las aguas.
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9
Te he vivido en mi cuerpo
en la ardiente mirada de tus ojos,
en la dulce caricia de tus labios
sosegados.
Te ha vivido en el deseo, en la pasión,
en la belleza,
en la serena hermosura
de tu rostro.
Y ahora la memoria:
Con tu cuerpo, tu mirada, tus caricias,
Tus besos y palabras,
Me vive en el alma.
Es… ¡La dicha!
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10
Anhelo ese mundo sencillo, rectilíneo
que siempre llevas en el alma,
desterrar de mí la complacencia.
Quiero: parecerme a Ti.
Llegar a la pureza inmaculada de tu mente,
encontrarme con el sol, de frente,
cara a cara,
y anegada de su luz,
permanecer -así- en el infinito
mar, eterno.
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11
Me has buscado con la serena quietud de tus ojos
me has enseñado a callar con tu silencio.
He aprendido a vivir con tu vida
Desnuda.
Me has llevado a soñar
Despierta, entre la gente.
Me has mostrado del mar:
la transparencia
las olas
nunca iguales, que van
y traen tu nombre mientras vienen
y rugen con el viento.
Con la calma…
La quietud de tus ojos me muestra
lo eterno.
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12
Oí tu silencio,
Y mi alma que hablaba otras voces
muy altas,
sonó la respuesta:
buscabas palabras, no voces
que hablan.
Callaron las voces,
¡Al fin! … del silencio
brotó
tu palabra.
Plenitud.
Y.. mi alma
¡en tu alma!

MATICES DE TIEMPO
I
Un parque -no importa su donde-
los viejos, callados y hablando, tan roncos,
al sol, en sus bancos, boina calada,
bastón en el suelo, que apoya unas manos
cansadas.
Mirada de corto futuro, conserva muy largo pasado.
Un parque -no importa su donde-
los niños,
no paran
activos, jugando
riendo…
Sus mentes, dibujan futuro
Soñando ilusiones
despiertos.
El tiempo…
Los viejos, son niños pausados
de un parque
¡que importa su donde!
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II
Tu otoño
tan distinto a mi otoño:
violento, sin color,
sin aliciente,
y el tuyo…
¡Tan sereno!
de suaves rojos, ocres
amarillos…
Hablando sin palabras -con silencios-
de querencia:
la querencia de las hojas,
sostenidas todavía -débilmente-
en cada rama,
de la lluvia
que las lleva hacia la tierra
y del viento…
Tu otoño
Sereno de color y de querencia
y mi otoño contrapuesto
¡tan distinto!…
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III
Aquel invierno: en el hogar,
el fuego. Con el humo,
grandes llamas
enlazadas,
que dispersan
tiro arriba, la violencia ?chispeante?
de la leña.
Este invierno… De las llamas
Reducidas,
crecen brasas.
Tiro arriba, sólo humo.
Va quedando sofocada
La violencia
crepitante
de la leña.
Otro invierno.
No hay -ya- fuego,
sólo brasas,
sin el humo,
sin las llamas
con la leña que, fundida
es rescoldo
de aquel fuego, de estas llamas
de las brasas.
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IV
Febrero: sus tardes,
brillo gris,
declinar
de cada invierno. Luz final
-la tarde suavemente prolongada-
se proyecta
hacia el entorno. La ciudad
alamedas de plátanos
y acacias,
verdor ceniza por sus ramas,
que se yerguen, entre el cielo
-gris de brillo-
deshojadas.
Febrero: se adivina
Primavera, por sus tardes
-gris brillante-
por sus ramas.
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V
¡Otro verano!
la ciudad
desierta.
Se encoge -lentamente- la luz
en los días,
también -lentamente- cae el calor
plomizo del estío,
están las calles, llenas
de silencio
Y en la costa:
las gentes,
las luces,
la brisa
el bullicio…
¡Otra vez el verano!
¡otra vez! Se sucede
de nuevo
¡lo antiguo!
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VI
Tus montes -de roca- pelados, muy secos,
adustos.
Tomillo, palmito y chumbera
verdean
la pena gris-ocre
que el sol, luminoso, descubre.
La tarde:
envuelve de ocaso los cerros adustos,
teñidos con ocres-rojizos
se prenden -de incendio- los grises.
Y llega la noche
de sombras y luces.
Las rocas,
Brillando nostalgia,
reviven.
Matices,
distintos matices de tiempo.
Matices.
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VII
El viento…
Viajero veloz -incontrolable-
que azota a su paso cuanto halla,
porque… ¡No ama!.
El viento…
Susurro intermitente
que huuye, sin destino, huuye,
¿escuchas como huuye?
Porque… ¡No ama!
El viento…
Destructor infatigable
de ilusiones forjadas en la calma.
porque…¡No ama!
No se detiene el viento
hasta formar un poso
en su alma con otra alma.
No tiene un amor el viento
Por eso…¡Nunca se para!
porque no ama… ¡Pasa!
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VIII
Mi tierra, árida tierra
de gusto salobre y minero.
Su cielo, generoso de sol.
Su mar, azulado de cielo.
Sus gentes, entrañables de tierra
de sol, de mar y de cielo.
Las noches de luna
estela marina que arriba
la orilla tras línea segura.
Las noches sin luna,
Millares de estrellas, tras mágico brillo,
recubren -fulgentes-
el duelo cautivo, sereno
y sencillo.
Mi tierra, mis gentes,
Mi mar, mi cielo, sus noches…
¡Que larga es la ausencia!
¡Que lejos me tiene!
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IX
Tu lienzo
grave color, en la pared
muy blanca
contempla la estancia.
El ocaso
Me muestra tu alma.
Tu conversación discurre
por entre las sombras,
por entre las luces.
Al fondo se funden
El cielo, el mar, las sombras
¡las luces!
Me vives lo eterno,
lo eterno me dices.
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X
Rojo atardecer…
Reclamo de la noche.
Amanece
Nuevamente nuestro día
que retorna -acostumbrado-
al rojo atardecer,
presagio de la noche…
Amanecer rojo, otra vez, como la tarde,
ocaso hasta la noche,
barrunto sosegado
del rojo amanecer

Matices con tiempo

I
Final.
Sin tiempo. Y… En el tiempo:
la ausencia.
Dolor,
Incierto gigante, hecho ?yo?
para crecer
la ausencia.
Siguen las vidas, sin tu vida,
sigue mi vida
con tu ausencia.
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II
Adios. ¡hasta siempre!
Sereno hasta siempre.
Después…
Ya… ¡Tan sólo!, nos queda
el recuerdo,
no caben vivencias,
no cabe… ¡Lo nuevo!
perdura -latente-
lo viejo.
Tu nunca y tu siempre.
Descanso apacible
sereno hasta siempre.
Y brota el deseo
impaciente, apagado,
lejano: una cita,
un encuentro…
¡Mañana!
respondes: mañana. Tu siempre
sereno,
sereno hasta siempre.
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III
No te me enfades
¡me duele!
sufrir crueldad en tus palabras.
De mi corazón, la congoja
se hace dueña, mis espaldas, de pena se recargan.
Cada frase es un eco que repica,
campaneando, en mi alma la tristeza,
y quisiera mi ser estar mentido
en la entraña, insondable
de la muerte.
No te me enfades
¡me duele!
sufrir crueldad en tus palabras.
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IV
Perdóname el motivo, de tu enojo,
que ausente de expresión
y de palabras,
confunde el silencio
-en tu mente-
presuroso.
Perdona la torpeza de mis hechos
carentes de juicio
y de prudencia,
que agitan los recelos
-en tu ánimo-
de mis gestos.
Perdón por los suspiros y las lágrimas
privados de ruidosos
fingimientos,
que minan la ceguera
-tardíos-
de tu alma.
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V
Descansa.
¡Déjate llevar al viento!
como notas vibrantes de violín.
Subir flotando a las estrellas
y encandilada con su brillo descubrir
la voz apaciguada que serena
me recoge,
me afianza
y fortalece.
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VI
Soy amiga de la libertad,
vuelo al viento con las aves peregrinas,
bailo con la brisa, al son de tu música.
Me encuentro al sol de frente,
mis ojos anegados por su luz, se deslumbran con los tuyos.
Soy… ¡Feliz!
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VII
Tus amores… ¡Mis amores!
me sublimaste
encontré el sol en tu frente,
ví: la simplicidad y el ogullo de saberme amada
por tí.
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VII
Me romonto al recuerdo
-tu nombre- en mis potencias.
Mi niñez. Tu escritura,
sonriente
tu retrato, llenando
de presencia, la ausencia que termina.
Adolescente…
La fuerza de tu vida
Infundiéndome deseos
de querencia. La grandeza
de otras cosas, ¡tan sublimes!.
El amor,
¡el amor sin medida!
¡la locura de unos días!
resistiendo
lo que no resistía.
Y ese… ¡Sí!
tan pequeño
que da… ¿risa?
ante el amor
¡sin medida!.
Germinan ligaduras
Que traspasan -con sus brasas-
El incendio de tu alma
Hacia la mía.
Después, el dolor,
¡el dolor de tu ida!
Mi corazón esperaba
-sin esperar- y temía
por el alma que revela
la magnitud de una herida
que se extiende, ilimitada,
sin final… Y sin días.
Madurez,
la presencia de la herida
en mis cosas, que son tuyas,
que son… ¡Suyas!.
Plenitud de amor que me alimentas
con tus cosas, que son suyas.
Y aquel… ¡Sí!, adolescente
pequeñito, pequeñito,
va creciendo, crece, crece,
junto al amor sin medida,
el amor que me alimentas
con tus cosas,
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IX
Aquel invierno, la escarcha
cubrió de otoño el limonero
sin otoño.
Arrasado,
tan sólo le queda del tronco
la vida:
libar de la tierra, la sabia
y… ¡Del agua!.
Vibrante corazón, impune a la muerte
dañina -que no destructiva-
sus rígidos ocres se quiebran
al tacto de la mano
campesina.
Pasó la estación,
y mientras cursaba la otra,
surgieron los brotes -intensos de verde-
por entre las hojas
marchitas.
Recuerdo tu ausencia:
me llega la helada
y… ¡me daña!.
De nuevo los brotes
con fuerza proclaman:
?te ama?.
Y mi alma emerge del frío, que trajo aquel día…
¡La escarcha!.
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X
(A las enfermeras de la 4ª planta de la C.U.N)

Estás a mi lado
¡Gracias!
Simplemente:
en lo arduo me acompañas,
me impulsas como el viento
y me descubres
insospechados y abiertos horizontes.
Esperas mi llegada de la mañana
a la noche y de la noche
a la mañana.
Me recoges la angustia y fortaleces.
Velas mi sueño y lo haces
placentero.
En las lágrimas me buscas la sonrisa,
junto al dolor me confirmas en la dicha,
la dicha que contagia tu trabajo.
Me orientas los ojos y me guías el camino
hasta el encuentro de mi yo con el nosotros,
para darnos
uno al otro.
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XI
Estaba mi isla
sola,
en el inmenso océano de la noche
sin luna
y sin estrellas.
Estaba mi vida
toda,
sumida en un letargo sin sueños,
durmiendo… ¿Acaso? Tal vez…
Prendida en el frío hilo de la ausencia
sin tiempo.
Mi existencia
vacía,
te buscaba.
Ansiaba la identidad,
comprender la identidad, que dos seres
al ser uno,
se reclaman.
Te buscaba en tus ojos
la luz que tu mirada
frente al sol
me proclama.
Te buscaba la felicidad de mirar por tu mirada.
Te buscaba
¡desesperada!
en mi llanto
al no encontrar lo que amaba.
¡Llegaron tus brazos!
¡Tus ojos!
¡Tu voz y tu mirada!
Esos brazos me estrecharon con la unidad
tantas veces deseada.
Tus ojos…
Me mostraron la luz del sol
que sólo se ve por tu mirada.
Contigo supe amar
el mundo que amas:
el sol, la luna, ¡las estrellas!
el mar de trigo que la primavera
balancea…
las flores… su fragancia…
y ¡las gentes!.
A ellas va mi grito intenso y firme:
¡Que aprendan a mirar…
con tu mirada!
¡Que entiendan con tu don…
la viva entrega!
¡Que amen…
como amas!