"GRISTEZA"

Créé le : 1 février 2008

Este jueves noche, llueve torrencialmente en Buenos Aires. La humedad se instala en los huesos de M. , el suelo de cerámica del salón rezuma una fina capa de agua que borra las huellas de los pies que han cruzado instantes atrás el umbral de la puerta, dejándola sola en una de esas soledades no deseadas que tan mala compañía resultan… Ojalá pudiera ella borrar también la huella de sus ausencias.

Entra a la ducha para tratar, quizás, de ahogar su pena. Lágrimas, lluvia, agua… limpieza de alma y de aire que no consigue sino arrojar cada vez más melancolía a su corazón, demasiado impermeable después de los años para calmar dolores pasados que, como hongos dormidos, afloran en días de lluvia como ese.

El mismo color gristeza del cielo nublado, es lo que ve al cerrar los ojos. No respires… así se está mejor… Por un momento se deja llevar y siente que su cuerpo la abandona… así se está mejor… Imágenes de días felices en los que sólo una voz al otro lado del teléfono calmaba sus angustias como un bálsamo mágico. Su voz ya no suena más… No respires… Así se está mejor…. Papa Noel ya es sólo un recuerdo de infancia… Cuántos regalos hubiera cambiado… Todos… por tenerle al menos una vez al año delante y poderle abrazar. El agua tarda en entrar en sus pulmones… Parece que ya falta menos… Tienes sueño… Cada vez será mejor….

Ding- dong… El sonido de la puerta arranca a M. de las profundidades de su baño . Despierta y sus pies toman aire un segundo saliendo del agua, para hundirse en la inundación del suelo del baño… M. no recuerda qué ha sucedido. Cierra el grifo y corre a abrir.

Un hombre, de barba blanca y manos grandes sonríe con una bolsa de plástico en la mano.

?Su comida, señorita?

M. recuerda ahora que llamó a pedir algo para cenar. Busca unos billetes mientras el viejo, sin dejar de sonreír , sigue hablando.

?Tiene ya el imán para la nevera con el nuevo diseño?? Tenga, así siempre sabrá dónde encontrarnos.

La voz del hombre de la barba gris le recuerdan días felices en los que sólo una voz al otro lado del teléfono calmaba sus angustias como un bálsamo mágico…

¿Podría usted abrazarme? Me recuerda a alguien…

El hombre, sin atisbo de sorpresa, abraza a M. Ella respira profundo y deja correr una sola lágrima que lleva un millón de ellas dentro.

El hombre se va. M. cierra la puerta y se sienta en el sofá. Pone una película, abre su paquete de comida. Enciende una vela y sopla… Pide un deseo que sabe imposible y se desea feliz cumpleaños.